¿Qué dejan las madres en general? Mucho amor. Mucho más si es del estilo parecido a la mía: Esas mamas omnipotentes, las que todo lo pueden, las que no sufren, las que parece que todo anda bien hasta el último instante.
Su gran debilidad y su máxima fortaleza. Esas madres que todos los pueden generan lo bueno y lo malo con sólo existir.
En el caso particular de mamá me dejará los libros, nuestro elemento de discusión, charla, ventura y desventura. “El día que me muera vas a poder ordenar las bibliotecas como quieras”. Todos esos libros que son su legado.
En otras palabras, poder heredar parte de ellos es una forma de mantenerla viva; o de sufrir aún más su perdida. Sólo lo sabré el día que pase.
Ahí la veo, es una de sus formas de pervivir. Si logramos transformar esa emoción, esa sensación en movimiento de danza, en una melodía que la recuerde o en algo digno de alabanza la estaremos recordando. En cierta medida. La recordaremos para siempre. O, en otras palabras, en el “Para siempre” de los humanos; digamos aproximadamente el resto de mi vida.
Su libro, el libro que me llevó a los libros fue uno que se llama ‘Selecciones’ de Jorge Luis Borges. Una suerte de compilado de cuentos del autor.
Ahí lo encontré: no recuerdo el lugar, ni la hora, tal vez era mediodía y hacía calor, tal vez era de noche y yo andaba aburrido. Lo que sí recuerdo es el inicio de “El Aleph”. Fue una dosis indispensable de genialidad. La simple idea de que alguien en un simple andar cotidiano, sintiendo dolor pueda ver más allá y pensar me parecía bello. (¿Será así el día de tu muerte?).
Quizá fue el destino: el día que mamá enfermó yo me encontraba trabajando en una ONG y tenía que pasar por plaza constitución.
Al pasar recordé el inicio del cuento y pensé en esa palabra bastarda que es el destino. No sabemos si sirve para acentuar los recorridos o, en realidad, para menospreciar los esfuerzos y casualidades
