Mamá jamás sufre ante mí, a pesar de que tiene dolores fuertes en la zona abdominal y la operación le trajo ciertas anomalías gastrointestinales. Vamos de vacaciones y pone cara de “Está todo normal”. A pesar de los fuertes gases o cuestiones propias de la enfermedad.
La semana pasada, cuando volvimos de Puerto Madryn luego de unas lindas vacaciones en donde intentamos ver alguna ballena, o tomar el té en Gaiman empecé con un llanto desconsolado de sufrimiento y angustia que no podía parar.
Yo la abrazaba a lágrima viva, en mi mente rondaba la idea de que era la última vacación de que ella estaba sufriendo porque no podía llevar adelante la vida normal de hace sólo 5 meses.
La ansiedad del comienzo de la quimioterapia y su resultado también presionaba mi alma contra una pared de clavos y yo trataba de ser fuerte y de mostrarle que no me importa. Pero ¿Quién puede ser fuerte cuando tu madre siente nauseas al comer mucho y necesita ir al baño con prontitud?, todo esto con el profundo agravante de que soy impresionable. Si terminamos en un hospital ¿Me voy a desmayar mientras mi madre está ahí?
Todas esas ideas se agolpaban en mi mente mientras lloraba ella decía “Está bien, no es para tanto” como si habláramos de un resfrío. Me calmé, un poco, no sentamos en la escalera. Ella dijo “Qué mejor que una muerte con pre-aviso”, sonreí.
Ella había logrado desembarcar en una costa pedregosa, sinuosa y oscura. Ni yo sabía dónde estaba todo. Pero ella con la lumbre de ese chiste lo había logrado. Luego dijo “Esta es la famosa espada de Damocles” en referencia al texto clásico:
“Para aquel que ve una espada desenvainada sobre su impía cabeza, los festines de Sicilia, con su refinamiento, no tendrán dulce sabor, y el canto de los pájaros, y los acordes de la cítara, no le devolverán el sueño, el dulce sueño que no desdeña las humildes viviendas de los campesinos ni una umbrosa ribera ni las enramadas de Tempe acariciada por los céfiros.” Link a la fuente
Ante mi afirmación y mejoría me invitó a tomar mate, como en mi adolescencia, como siempre.
Una semana después me anoto como idea entrenarme en mis angustias. No le puedo dar a mi madre mi cuidado. Yo voy a cuidarla a ella: hay que crear una fortaleza inexpugnable.
