Prototipo de la gente a la cual no le tenés que contarle cosas.

Cuando ocurren fatalidades o problemas graves todos sabemos que comunicarlos es de las cosas más saludables. Si son personas cercanas y queridas suele pensarse que es mejor.

Cuando ocurren fatalidades o problemas graves todos sabemos que comunicarlos es de las cosas más saludables. Si son personas cercanas y queridas suele pensarse que es mejor

Pero en un primer momento al decirlo a casi toda la gente le estamos regalando información a personas que no deberíamos hacerlo: personas metidas, aconsejadores seriales, habladores de su propia existencia, compañeros de trabajos monocereblares.

El hecho lo veo bastante repetitivo porque primero, lo viví en carne propia con algunos errores al principio. Y, en segundo lugar, porque es algo bastante usual en la vida de las personas.

Si uno se detiene a pensar y usa el sentido común podemos evitar tener que pasar contrariedades o lidiar con gente inapropiada. Boludos, para los que no son bilingües.

Si tenés al lado a una persona que cree que darle información es un voto de confianza total y que por eso tiene derecho a saberlo todo. Evidentemente estamos en el lugar equivocado. Ahí se asienta la creencia de que un poco de información crea el irrevocable derecho a preguntarlo todo y saberlo siempre. Sencillamente es un metido. No lo hagas.

Si es una persona que vive teniendo problemas cuán víctima terrible de las acciones de dioses, astros, karmas y ve tú a saber que, estás frente a uno que se cree víctima del mundo. No le cuentes. Van a terminar compitiendo para ver quién sufre más: un calvario.

Si es una persona que al contarle aprovecha la oportunidad para hablar de su experiencia particular y está horas hablando de cómo actuó. No lo hagas. Es un egocéntrico, narcisista o esas yerbas.

Si la persona a la cuál le contáis tu problema es de la que juzga todo y siempre insiste con una idea. No le cuentes. Es obtuso.

Si a la persona con la que estás le contás y a la semana te pide cambios o cosas por el estilo y que tiene que ser inmediato y no hay posibilidad de error. No le cuentes. No estás para asumir las ideas de un imbécil además de tus propios males. La maratón es otra. No esa.

Si la persona a la que le contás piensa que ‘no es nada’, ‘ya va a pasar’, ‘hay que ser fuerte’. No le cuentes. Tiene un sin fin de frases hechas. O nunca pensó, no se implicó o no le interesa.

Contáselo a alguien que te nutra, que te escuche, que esté con vos en el velero de la tormenta. Si no está que funcione como faro que ilumina un sector pero no te encandila. Hablá con las personas que sean como los grandes árboles que dan sombra donde podés pararte e irte o quedarte. Contáselo a las personas que no te pidan nada a cambio. Ni siquiera emocionalmente. Porque te va a hacer bien.

 Hace bien charlar con esa clase de gente. Yo se lo dije a muy pocas. Y tal vez sólo 3 o 4 no deberían saberlo. Pero las gran mayoría de las personas que elegí para contarles fueron pilares, timoneles, almirantes, faros, árboles y lugares donde yo, por momentos, recuerdo la felicidad.

Te puede interesar