Quizás desearía encontrarte en casa al llegar, solo para tener el pretexto simple de decir que «tenías olor a alcohol», únicamente para confirmar que seguías viva.
Moriste así, en la frescura y el viento de la mañana del 19 de noviembre de 2017. Cada vez que veo el viento agitando las hojas, pienso en ti. Moriste en primavera, cuando el mundo se renueva. El día que te enterramos, un hermoso martes 13 de diciembre de 2016, era tan radiante como hoy.
Sin embargo, cuando dejo de estudiar por un tiempo largo, cuando experimento la felicidad, o cuando regreso borracho a casa a las 9 de la mañana, ella viene a mi mente. Como nunca antes. Como siempre. Quizás porque siento alegría, y ella dejó escrito que si yo era feliz, ella tendría un descanso eterno.
Ella, que siempre pensó en vivir y luchar, quizás encuentre su descanso en la tranquilidad de mi felicidad.