Paradójico el destino de Borges; llevado a clásico universal y por lo tanto punto de una de las grandes injusticias que se le pueden hacer. Recuperar y poseer todos sus textos para que el olvido no opere en su favor. Esta es la historia de Textos Recobrados (1956-1986).
Borges el genio, el literato, no está aquí. Si bien es verdad que su inteligencia se encuentra vertida por esta obra, su habilidad y técnica nos dejan ver al hombre de plata, de bronce y estaño. Cómo sus dos volúmenes precedentes textos recobrados nos hablan de las vicisitudes y sucesos en los cuales Borges tomó posición a lo largo de su vida. Este volumen (1956-1986) es uno de los que más me ha interesado.
Me interesa porque podemos notar como Borges se va despojando de sí mismo, de sus propias ideas adornadas y de sus pensamientos edulcorados para arrollarnos con su simple, y a veces brutal, opinión. Cruda, polémica, contradictoria. Pero particularmente Borgeana. Borges abandonó su prurito juvenil por encajar. También en sus últimos 30 años asistimos al abandono de su segunda pasión: el escándalo. Eventualmente incapaz de contenerlos el hombre, el otro Borges, nos daba una alegría escandalosa. Pero son menos que las anteriores: Ya consagrado no la necesita.
La compilación no tiene grandes aportes geniales. Pero es interesante hacer lectura de algunos textos. No para maravillarse ni para ver lo versátil de sus ensayos seculares o para percibir su profundo compromiso con el mundo, aunque los posee.
Admirarlo como artista es posible. Su convicción estética sigue siendo hermosa: el sostener que el destino de la literatura es conmover. En un siglo donde la literatura se volvía ‘comprometida’. Borges trataba de conmovernos, enamorarnos, apasionarnos y hacerlos llegar a otros lugares inimaginables para nosotros. Ese compromiso está vertido en la mayoría de sus hojas directas o discursos.
Pero la más interesante de sus lecturas es para hurgar en sus fracasos. Borges fracasó en algunas tareas insólitas.
Recordamos para el caso “Argentina, un país maravilloso”. Un folleto de la dirección general de turismo donde Borges intenta sin ningún éxito promover algunos destinos del País. Lo cual es pintoresco ya que encontramos a un autor que durante toda su vida habló de los arrabales y la pampa tratando de glorificar el destino de Mendoza. Provincia que en toda su obra no fue preponderante. Ese texto artificioso, forzado que pierde toda noción del marketing es uno de los elementos más curiosos que podemos encontrar en ese libro. Se percibe el sufrimiento de Borges. Por eso es una reliquia, una genialidad y un placer.
Borges el antiperonista, el profesor, el poeta viéndose a sí mismo y a la profesión del literato, al apologista sale a nuestro encuentro en la mayoría de las hojas. Es un regocijo para mí y supongo para otros lectores. No puedo afirmar que su lectura cause placer pero destraba un poco la intriga de todos aquellos que, como yo, sólo conocemos a Borges mediado por los libros, videos, entrevistas y, principalmente, la historia.
Sin saberlo y sin darse cuenta en su momento. Hay gente vio y vivió esta época mítica. El segundo siglo de oro español fue vivido por mi madre, por ejemplo. Ella percibió consuetudinariamente estas discusiones y las ideas de la época. Ella podría prefigurar el escrito El último domingo de Octubre.
Al resto nos quedan las hojas, los testimonios, las charlas y los días. A aquellos interesados por saberlo tendrán que leer estos injustos textos recobrados.