La parábola. La narrativa.
El álgebra y la combinatoria de palabras no producen emoción por sí mismo, tampoco educa, pervierte o exonera. Combinar palabras es una cualidad técnica elemental, o artificial, que hacemos con el fin de comunicar.
También se puede perseguir el lícito objetivo de tejer con las dichosas monedas comunicativas sucesos bellos, generar arte. He aquí la literatura. Usada, escrita, descripta y violentada tantas veces. Uno de los géneros se asoma en el libro reseñado en cuestión: La parábola.
Hay definiciones perspicaces, puntillosas y detallistas que congratula e identifica los géneros en una suerte de purismo fundamental. Como simple lector, soy herético de todos ellos, como inquieto ‘averiguador’ los estoy analizando. Uno de los géneros más importantes en el rol pedagógico de las generaciones precedentes, y un poco caído en desgracia con la modernidad, es aquel que tiene por objeto, no la belleza, sino educar. Estoy hablando de la fábula, la parábola o el proverbio.
Puede ser invención del hombre, como Esopo, o de Dios, como la Biblia y el Corán entre otras. Pero su destino está asociado al carácter pedagógico de la historia. Sus fines son, en la mayoría de sus apariciones, éticos. Podríamos decir que los hechos son la puesta en escena de una moraleja que se concreta a través de la acción de sus participantes.
El libro. La reseña.
Dentro de este conjunto de reflexiones ubico el libro “Recuentos para Demián” de Jorge Bucay. No posee libros de su propia autoría, sino más bien encontramos una recolección de las obras cumbre de la alegoría de la humanidad. La mayoría corresponden a la Edad Media. Y es entendible, el tinte de lo personal y de las cuestiones éticas son de introspección. La modernidad y particularmente el devenir psicológico interpretan e interpela mucho desde ese lugar. Sin embargo también encontramos fábulas de la antigua Grecia e incluso orientales (Mesopotámicas y Chinas)
Cómo lo expresa unas líneas arriba la temática está adaptada a la modernidad y tiene como uno de sus protagonistas a estos profetas de la modernidad: un psicólogo. El trazo o ‘trama’ del libro es las múltiples sesiones y enseñanzas que va recolectando el chico que comentaba un problema ante un profesional de la salud mental con un método un tanto poco ortodoxo.
Los temas que se tratan son el esfuerzo y la voluntad orientada al cambio. Es el relato de una persona con muchos conflictos y presiones que “(…) escuchaba fascinado, no tanto por lo que Jorge me decía, sino por mi propia imagen de lo que sería vivir relajadamente, sin peleas conmigo mismo, tranquilo y sin prisas, sin preguntarme nunca más: ‘¿Qué m… hago yo aquí?’(…)”. ¡He aquí! Cómo todo libro de ‘autoayuda’ se trata de una búsqueda por aliviar la presión de la auto exigencia
Con el avance del libro podemos ir observando los ‘avances’ del paciente como estas situaciones íntimas se declaran como resueltas. Nosotros no sabemos si realmente o no sucedió sólo sabemos que el ‘paciente’ relata un avance sobre las cuestiones problemáticas. Sin embargo las situaciones son desconectadas por lo tanto, una persona que busca ahí respuestas es posible que sienta angustia porque cuenta sucesos, y la solución de problemas es un continuo con avances y retrocesos.
Para la lectura pueden ser divertidas, o por lo menos todavía resuenan en mi memoria.
- El círculo noventa y nueve
- El gato ashram
- La tienda de la verdad.
Los libros. Y la literatura.
En honor a la verdad. No son los libros que leería, y son los libros que por lo general ‘castigo’. El libro llegó a mí como consecuencia de un regalo. Cada vez que alguien me dice ‘Qué libro te gustaría recibir’ yo respondo ‘Ese libro que significa algo para vos. O que te marcó’. Y recibí este libro. Lo cual me sorprendió. Regalarle un libro de ‘autoayuda’ a alguien que le gusta la ‘literatura’ declarando ‘es uno de mis libros’ es un acto de coraje, valor, o por lo menos confianza.
Y yo lo leí con pasión, como si fuera de esos libros que te llegan. Porque pensaba e imaginaba los momentos en que esa persona especial para mí los leía: ¿Buscaba fuerza? ¿Estaba desesperada?¿Cuál fue el que más le gustó?¿Cuál le arrancó una lagríma?.
Volvía y releía y releía. Y Me preguntaba. ‘Pero claro, ¿Por què no Kafka, Cortázar, Jack London, La Metamorfosis, El Don, Amado Nervo, La poesía?’ ‘¿Por qué no los libros producto de los talentosos artistas de las letras?’ un día no me aguanté y pregunté: “Por qué son difíciles. Porque no estoy prepara”. Una idea terrible.
Ahí me di cuenta: alguien, algo, o ella misma creyó que no estaba preparada para literatura. Qué era un arte arcano y oscuro; no sabemos cómo se le metió en la cabeza que no estaba habilitada a transitar los desafíos de esos libros y que por lo tanto le quedaba lo ‘otro’. ‘El libro de mujer’. Ella, a pesar de haberse educado e uno de los mejores colegios de la Argentina se creyó ese terrible verso.
Enmendemos el error: El libro de Bucay es lindo. Pero pasatista. Leerlo no está mal. Pero no aporta soluciones a los problemas de la vida. Para eso, un profesional.
Espero que sea la puerta a Amado Nervo, a Neruda, a Tolstoi, a Mario Benedetti, Dostoievski. Porque la literatura es hermosa. Todos estamos listos para ella.
En esa casa donde no había biblioteca, ahora hay una y se va populando de libros. Libros poderosos, libros castigadores, libros aburridos y libros heréticos. Están en el infinito trabajo redentor de las hojas escritas. Esos libros están ahí con el nombre de los autores de peso que no subestiman al lector. Incluso habrá libros que le tienda trampas al lector. Pero no serán subestimados.
Esos libros están ahí como testimonio de que no son puro verso:
Y en mi biblioteca está ahora “Recuentos para Demian” la hoja más importante es la primera. Donde está la dedicatoria de esa persona brillante. Y por sobre todas las cosas. Una persona especial.