Una familia genial.
Durante siete u ocho años busqué las Obras Completas de Mariano Moreno. En el caso de conseguir me querían cobrar tanto que en mi contexto de estudiante no era necesario pagar. Injustificado en el contexto, y en los momentos. Pero la suerte me sonrió. Gracias a José y su familia lo conseguí: ellos me la regalaron.
José era, y tal vez lo siga siendo, un genio, sabía de electrónica, era médico, medicina, sabía de muchas cosas. En su familia todos eran geniales. Él médico, psiquiatra, su esposa psicóloga, sus hijas brillantes: un inglés perfecto, talento musical, notas impresionantes. Su esposa era elegante y delicada. Su madre, había estudiado medicina cuando tenía cuarenta, una vez recibida se puso a trabajar de ello. Y lo logró. Vivía en un departamento de dos pisos en avenida Santa Fe y Austria.
Aún recuerdo cuando me dijeron “Tocá en el 6” yo pensé ¿Pero es A, B, C?. Sin embargo mi yo provinciano había pecado…pues de provinciano. El piso entero era de la señora. El departamento A, B, y C. Además el sexto piso. Los cuales estaban unidos por una hermosa escalera de mármol.
Esa familia es a lo que toda la vida una parte de mi familia aspiró; Con los años descubrí que eso es algo que jamás llegaremos a ser. Una pizca de clase, un toque de elegancia y todo eso que se nota es algo de lo carecemos por naturaleza y no cultivamos por convicción, es de esos anhelos que uno nunca persigue pero atesora.
Esas aspiraciones que tuvieron, y algunos tienen, hacen creer que la vida es injusta. Pero nadie vino a este circo con la promesa de que cumplirían la totalidad de sus deseos y aspiraciones.
Cuestión que José tenía dos hijas y yo estaba de novio y perdidamente enamorado de una de ellas: La famosa Lulu de otra historia, más triste, pero no menos importante. Por suerte Lulu ya había tenido otro novio bestial, así que no pasé desapercibido. Y, mientras que la otra llevaba al gran programador, que estudió en Harvard y que estaba componiendo música con algoritmos. Lulu caía con el tronco de higuera que en medio de una reunión familiar entraba diciendo:
“José: ¡Feliz día del padre! ¡Tenés a estas dos, pero bueno, qué se le va a hacer!”
José río. La madre, suegra, una persona coherente respondió y puso en su lugar al inadaptado visitante en su casa de Belgrano.
Entonces, no entiendo ¿Qué tiene que ver la genialidad de José con las obras completas de Mariano Moreno?
Un día José y su familia dijeron “Vamos a tirar libros” Yo insistí a mi novia por meses diciendo “Los quiero, los quiero”. Y un día llegó ella con tres cajas. ¡Doscientos libros! Entre todos ellos, revisando, mi mamá que estaba de visita, y sabía de mi obsesión. Dijo: “Esta gente o te quiere mucho, o está loca”. Y ahí estaba: “Escritos Completos de Mariano Moreno”. El mundo se detuvo y fui a la lectura.
Potencia fundacional del Río de la Plata.
Moreno, y su prosa incendiaria. Vertió sobre ríos de tinta sus convicciones fuertes, firmes y poderosas de ese otro río al cual le quería dar forma: El Virreinato del Río de la Plata, que estaba muriendo. A pasos de convertirse en un caldero político, pero independiente. Para la gloria de sus habitantes, y para la responsabilidad de progenie.
Mariano Moreno discutió economía con alcaldes, defendió el fusilamiento de Liniers. Moreno en dos tomos habla de separar “Oidores y Fiscales», habla de lo que dejó el Contrato social de Rousseau. Escribió con prosa llena de grito y furia a los que querían ser serviles con ‘los godos’. Porque con ello les prohibía a sus hijos el porvenir.
Moreno en esas páginas está vivo, no murió, pero se puede presagiar que su muerte en el contexto particular de la vida institucional de nuestro país no es nada alocada.
Mariano Moreno empezó a ser leído en 1802 donde él no sabía de las invasiones inglesas, de la revolución de mayo, de la independencia. Él no sabía de Cancha Rayada, Vilcapugio, Chacabuco.
Ahí no sabía de San Martín, de Güemes, de Belgrano. Como no llegó a saber de Irigoyen, de Perón, de Alfonsín, de Menem, de Krichner, de Macri. El no pudo saber nada de nuestra historia. Pero cuando empieza a llegar el momento de decidir lo notamos, notamos el volcán en erupción. Notamos como ese abogado joven se transforma en el mítico Mariano Moreno. La lectura de esos tomos fue una lección de cómo las circunstancias modelan a los hombres. Un libro que perdura en mi memoria por el gusto que me generó y por la épica de cómo lo conseguí.
Tal vez un hijo
José y su familia siguen siendo brillantes, delicados. Eso hace genial a las personas geniales. Yo ya no lo sé: me peleé con su hija. Qué debe seguir siendo hermosa y brillante, y espero: feliz.
Sin embargo, cuando veo esos libros y recuerdo su cara, su rostro, ante mi cara de admiración de su vida y su familia; cuándo recuerdo y pienso que él tenía frente a sí a un hombre joven de 24 años que legítimamente consideraba una cuestión de orgullo que lo dejen asistir, a pesar de sus animaladas.
Recuerdo esa frase que una vez me dijeron: “Tal vez seas ese hijo que no puede tener”. Puede ser, yo no lo sé. Sólo sé que José y su brillante familia me dieron muchos libros valiosos y estos dos tomos fueron los mejores.
Ojalá la vida les regale un encuentro con algún José. Y que les regale ese libro que tanto quisieron.
Rindan esta líneas de tributo a esa familia que me permitió compartir la mesa. Y, por supuesto, lean a Mariano Moreno