Amiga Redentora

Yo nunca vi su rostro moribundo, pero eventualmente la recuerdo. En realidad, no sé ni su nombre, pero recuerdo uno de sus hitos: se casó en una fiesta de fin de año. Nunca conocí su abismo en el valle doloroso del camino a su muerte. Sólo lo conocía a través de las palabras de mi amiga. Porque la que murió fue la otra, la amiga de mi amiga. No mi amiga.

Entonces, ¿Por qué es necesario hablar de la amiga de una amiga que no se conoce? ¿por qué debería importarnos?

Esa amiga, que ahora es muchas cosas, y también estas palabras. Está en muchos lados y en muchos tiempos. Representada por el sin fin de acciones de personas concretas que nos asaltan para que el día a día no nos avasalle. Son las que nos recuerdan a hacer las cosas “por que sí”. 

Recuerdo universal de lo que es necesario e imperativo para toda vida. Llevar adelante la acción, tratando de evitar encontrar “el momento”. Es además, el intenso recordatorio del tiempo sobre la vida. 

Cuándo uno sabe que tiene las horas contadas y los momentos de salud reducidos el problema no es sólo morir. Sino también el patíbulo de los síntomas que nos impiden vivir. Recordando la parte del poema:

¿Cuándo fue la última vez que tuviste miedo? No por lo que te pudiera pasar, sino por pensar que tal vez nunca no te pasara nada.

La última vez – Darío Sztajnszrajber

Y ahí estaba ella, la amiga de mi amiga decidiendo casarse a pesar de su enfermedad, de su evidente y totalmente cierta muerte y de la organización de una fiesta en fin de año. Haciendo las cosas porque sí, porque seguro tenía miedo de que no pudiera pasar. Ella seguro hacía caso omiso a la tranquilidad de los demás. La lógica, lo racional era realizarlo en marzo. En esa fecha se podría haber casado con total tranquilidad, ¿Por qué elegir la fiesta de año nuevo?

Todavía recuerdo algunas charlas que tuvimos sobre la idea, mucho mejor y menos alocada de hacer el casamiento en otra fecha. Para que la mayor cantidad de gente pueda ir y así no incordiar las agendas familiares. 

Sin embargo, sabía de su respuesta contundente. Ante una fuerza que no mide consecuencia, la prometida no se doblegó y su casamiento fue el 31 de Diciembre. Y ahí, efectivamente estuvo mi amiga. En su determinación veía el cariño que le tenía. Y así fue, el fatídico casamiento se llevó a cabo.

Nosotros, en un giro olvidadizo de la historia, consideramos que tal vez existía otro momento más adecuado. A pesar de que ambos teníamos algunos seres queridos en el otro lado de la vida. Ella a su padre y yo a mi madre. Imagino que también ella, como yo, se imagina charlas posibles en algunos momentos si “Hubiésemos sabido que nos quedaba tan poco”. Hasta mi madre tiene su propia carta de disculpas con su padre, para la posteridad. 

¿Mi padre murió pensando que me iba a visitar? 

Vísperas del día del padre

Pero no fue así. Lo olvidamos. El tiempo le dió la razón a la parte correcta: a la amiga…pero de mi amiga.

Cuándo llegó la pandemia en marzo del 2020 todos las fiestas se cancelaron, y nadie pudo tener esos aniversarios y diferentes celebraciones que querían. Ella tampoco pudo tener otros planes, pero si eso logró su cometido. Su casamiento se hizo para la felicidad de ella, la tranquilidad de sus seres queridos y la adecuada instrucción para el resto de que no hay que esperar el momento. 

A veces ella vuelve a aparecer en mi memoria para hacerme recordar que los momentos viajan en el borde del tiempo y es necesario tomarlos cuándo aparecen. De otra forma, es posible que los perdamos. 

A pesar de que no recuerdo su nombre, tampoco creo que lo sepa. A pesar que no reconocería a sus seres que la lloraban. El murmullo de sus acciones llegan a mi vida. Todos podemos reconocer a esa persona correcta que nos señala el camino necesario en contra de los otros (como nosotros) que nos equivocamos anhelando el momento conveniente. Es un simple engaño de ficticias agendas innecesarias que llenamos para darle sentido a todo esto que es la vida. 

Su muerte, que para mi fue súbita, ya que desconocía el cauteloso avance de la enfermedad que la iba absorbiendo lentamente en el sustrato de la muerte no me pasó desapercibida. Siempre es doloroso cuando alguien que señaló una acción correcta se nos va. Nos deja un sabor amargo: tal vez tenía más para dar en acciones memorables. Esas que recuerdan que, a veces, nos traicionamos.

Como todos, yo también tengo el deseo de seguir narrándola.La mujer que alguna vez declaró su deseo de realizar su casamiento, a pesar de la enfermedad, de las fechas, de las costumbres y de las muertes. La narración nos recordará lo bello, superficial y efímera que son nuestras acciones en la vida. 

A veces logramos vencer y quedar en la memoria de otros. No sólo en la perpetuidad de las flores, sino para algo trascendente. Ser un recuerdo y habitante de emociones. Ella lo hizo. 

La enfermedad destruyó su cuerpo, la muerte sus palabras. Tengo memoria de lo que hizo, y también mis letras no le fueron ajenas. Es poco. Es todo lo que tengo. Lancemos estas frases, en honor a su memoria: querida amiga de mi amiga.

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