Mujica y su obra privilegiada
Bomarzo es una de las obras más conocidas de Manuel Mujica Lainez. Quizá su novela más conocida, si no es así, seguramente sea la más halagada. Este clamor se sintió incluso con el autor en vida; una vez en la inmortalidad podrá ostentar ser una de las obras que figura en los rankings, precisamente en la lista del periódico El Mundo de las 100 mejores novelas de habla hispana del siglo XX. Lo que vuelve curioso, además, su celebridad es el género y la temática de la obra: es una novela histórica.
El duque, los duques.
Vulgar, profundo, cínico, cruel y vanidoso. Así es el protagonista: el giboso Pier Francesco de Orsini. Heredero de una de las más encumbradas dinastías del siglo XVI: La casa de los Orsini. Sin embargo el lejos de tanta nobleza era un humano.
Un humano…demasiado humano. Francesco ha vuelto a la vida por Mujica, que seguramente conoció de primera mano los recelos y problemas de las altas sociedades de alcurnia. Ha vuelto con su tiempo, las intrigas y las muertes. En definitiva, lo que también volvió fueron los avatares de una época que se nos presenta con magistral pluma del letrado aclamado de manera global.
Y mientras avanzamos por el libro descubrimos el tormento que el protagonista sufre como fruto, primero de su pusilanimidad y, segundo, de su joroba. Esto no le impedirá que la muerte (¿O será acaso el asesinato?) le sonría para poder llegar al ducado aunque no era el primogénito. Él llegará, por muchas causas, una de ellas es que posee “La astucia del zorro y la fuerza del león”. Aunque no parezca, aunque él se vea así mismo como débil.
Vicisitudes de la inmortalidad
Aunque estamos frente a una novela histórica y, por lo tanto, también estaremos a merced de los guiños historiográficos que el autor hace, estos micro eventos no empañan ni aturden. Todo parece natural. Estamos ante una lectura amena, de agradable ritmo y, hasta creo, fidedigna.
También fidedigna son las emociones de Francesco: sus miedos, sus miserias, crímenes y vanidades. Durante el libro, este Hamlet del sur de Italia será el espejo deformado de aquel dinamarqués. La principal diferencia está que en Bomarzo percibimos desde el comienzo el afán por convertir esa pequeña villa en un lugar eterno: ese es el rol del Bosque Sacro que aún pervive al sur de Italia, en un pequeño pueblo llamado: Bomarzo
Si con Villani vimos la crónica política del actor social y, por lo tanto, ordenado y prolijo. Con Bomarzo veremos el atemporal, autoritario y maravilloso tiempo de la nobleza. Un tiempo no cronológico sino humano: el tiempo que el duque viva. Una lectura recomendable, para el tiempo humano y para pensar, nuevamente, en las vicisitudes de la inmortalidad