Las cosas que le suceden a los hombres y mujeres, muchas veces son colectivas, pero también hay situaciones íntimas que a veces son compartidas.
No sé lo qué es la depresión, ¿Esto que me pasa es depresión?
Mañana voy a rendir un examen, durante todo el año lo estuve preparando con entusiasmo y alegría. Aprender es divertido, me parece bien. Es posible que repruebe. Y me parece lo mismo. Vivir y morir, hacer o no hacer, luchar y no luchar. Emprender o estar tirado en la cama mirando el techo es lo mismo.
Vale lo mismo estar en casa tirado y que me reprueben, a buscar encontrar la solución a esa situación. La hoja se desprende del árbol, el viento la arrastra a veces con fuerza, a veces suavemente. La hoja no es protagonista de nada, tampoco le importa; el viento la arrastra.
Es mucho mejor, la hoja no explora ni llama a sus anhelos y ambiciones. Es mejor, sabe que su deseo más íntimo no se va a poder cumplir. Si el árbol está por marchitarse. ¿Para qué tratar de dar la vuelta para ver sus últimas hojas y ramas caer?
Las noches son inmensidades que cubren con su manto oscuro cada una de las pequeñas esperanzas que durante el día albergamos, o tal vez generamos. Cada día es un día menos. Y está bien. Un día menos, un segundo más cercano a la propia muerte y dejar de sufrir todos estos sucesos sin sentido. No comer facilitaría las cosas, no dormir también. Tal vez el agotamiento ayude a que el cuerpo sucumba a la penumbra en que se encuentra el alma.
Posiblemente así, también encuentre lugar en la ciénaga pantanosa donde se encuentran un alma con sus dichas.
No sé, ni investigué lo que es depresión psicológicamente hablando, pero pienso en un pantano, en la selva. Un total cubrir de hojas no deja ver el cielo. Sé que hay luz, pero no la veo. Sé que si camino en una dirección la encuentro. No vale la pena. A veces un rayo llega hasta el mismísimo suelo. Pero esa luz no ilumina tanto, si alguien pasa por al lado es más feliz. La luz lo ilumina mejor. Tal vez la oscuridad y la penumbra sea el lugar natural donde perecer. Tal vez sea lo mismo.
No vale la pena ni la angustia, generar llanto, es mejor la inanición de emociones, la lenta pena y el desangrar de las emociones. Mejor privar al corazón de la vitamina de la vida. Tal vez volviendo la vida rutinaria podamos doblegar también mi propia biología y de un rapto morir. Liberando al fin el dolor de mi propia persona.
Ni alcanza el tiempo ni las energías para invocar la culpa, o el pesimismo. La desesperanza es sencilla y escéptica ante la opción de pensar en que las cosas salen ‘mal’ en contraposición a ‘bien’. Las cosas son ‘así’ ¿Qué importa el mundo de posibilidades?
Un deprimido es un enfermo que le quieren dar comida y le causa asco, que le quieren dar vivencias y él no puede absorberlas. Le hace mal, nos hace mal.
La muerte de un depresivo es como el final de la Metamorfosis. Gregory Samsa muere, pero su familia luego sale a la calle. La luz resplandece en su rostro nuevamente, han sido liberados. Samsa de su dolor, ellos del estorbo.
Mañana voy a rendir, voy a reprobar. Voy a recursar por tercera vez. Y no me importa. No encuentro la forma de invocar mi propia voluntad. Esta agonía es una de las formas de la muerte en vida. Mi madre se lleva esto y además la enfermedad.