Cumplí, pero no tanto.
El fanatismo por la archiconocida saga “Juego de Tronos” me golpeó de cerca: un amigo fue abatido por este enigma del mundo que son las series épicas. Yo, que pensaba que las redes sociales iban a aplacar a la sociedad en su afán de épica me equivoqué: Ahora quieren más.
No alcanza sólo con vidas que parecen perfectas. También series con guiños perfectos. En este derrotero se encontraba mi amigo. Un lector y veedor de los libros y series con pasión y denuedo.
Yo, que nunca fui un gran apasionado por las series de televisión y por las sagas épicas vi como en mis mano se depositaba el tomo uno de “Canción de Hielo y Fuego: Juego de tronos”
Todos los mundos conocidos en un mundo por conocer.
La prosa es limpia y ágil, lo que hace el libro algo muy entretenido. Por lo tanto lo disfruté desde el principio. No se abusa de la paciencia del lector, por lo menos en esta primera entrega. Martin habla de “El alba” y no “Los dorados brizos matinales”. Sí, es cierto, estamos frente una novela épica. Asistimos a la ponderación de la trama. Los lujos estéticos son ajenos a las herramientas que el autor utilizará para contarnos su historia. Martin Lo sabe y lo cumple con bastante elegancia.
Una vez dentro de la prosa descubrimos las tramas: un trono bacante, el legítimo heredero (hijos de un tirano) desterrados buscando venganza, un rey bueno pero sin la nobleza y la idoneidad necesaria para el rol que ocupa, la aparición de un ayudante (la mano del rey) que encarna todo lo bueno que un gobernante probo, noble, justo y apropiado puede ser. Pero que, sin embargo, se ve envuelto en confabulaciones que lo llevan a su propia ruina. Hasta los enemigos son los adecuados. Los de toda la vida: la multimillonaria familia Lannister.
Mientras los siete reinos son gobernados por este colectivo noble que siempre genera intrigas. Desde el norte y el oeste acecha el peligro.
Desde el norte frío bajan fantásticos seres malignos que lo destruirán todo. Mientras que en el oeste los hijos desterrados se aliarán con los bárbaros, como fruto de los casamientos por conveniencia que mágicamente terminan en amor, para hacerse con el trono de los siete reinos. Como todo buen evento bárbaro hay brujas, hechizos. Y, como toda ambientación ‘medieval’, podemos ver la fuerza de los componentes místicos.
¿La conclusión de toda esta historia? Algunas son conocidas, y fáciles de saber. Los buenos mueren, los malos serán ajusticiados, los peligros del norte unirán a todos los humanos y el oeste entrará en una paz amalgamada de razas y culturas.
Conclusión: el mundo de los guiños.
Mi problema no fue terminar el libro: Divertido, ameno, ágil y simpático. Mi problema era que esa lectura no me parezca la reminiscencia de otras lecturas. Nunca pude terminar de comprar la historia. Y nada me motivó a comprar el otro libro, a efectos prácticos. Ni a seguir viendo la serie. No lo hice porque no me despertaba ni un poco de legítimo interés.
Preferí ir a la búsqueda de nuevas aventuras literarias. Es que “Juego de Tronos” me pareció el usual y heterodoxo mundo de todos los mundos.
Me recuerda a la crisis del siglo III en el imperio romano, junto con la peligrosidad de las invasiones bárbaras (Periodo de las grandes migraciones del imperio romano) luego de la tetrarquía. Las intrigas me ubican en una de las lecturas simplistas de “El Príncipe” o “Discurso sobre la primera década de Tito Livio”, o también en todo lo leído en “Bomarzo”. En definitiva el mundo de las intrigas está más asociado a la era de los cortesanos del renacimiento.
En conclusión, lo que vemos es un guiño moderno a algo que me parece es mucho más delicado y desafiante. Algo mucho más divertido. La historia de la propia humanidad.
En vez de quedarme con las historias cerradas de un conjunto de personajes olvidables, prefiero los sucesos humanos, demasiado humanos, que los literatos trajeron al mundo. Quizá, esta excesiva intelectualidad me impida e imposibilite apreciar un libro. Pero, como no puedo modificar quién soy, me contentaré con comunicarles las miserias y lecturas que realicé.
Por lo tanto puedo decir: leí el primero con entusiasmo pero no he tenido el menor impulso por saber cómo sigue lo demás: cada cual sacará su propia conclusión.