Sombras de Sarmiento

Había ingresado a la escuela primaria en algún momento de los noventas, tal vez en 1992. Luego de ese momento empezó la pedagógica tarea de las maestras, profesoras, directoras o quien fuera contaban esa brillante y reluciente historia del alumno ejemplar, del primer maestro de la persona que maravillosamente era uno de los pilares constructores de la nación. Obvio que nos mentían.

En la lectura del artículo “Sarmiento buitre, Rivadavia ladrón” de Sergio Bufano leo que una niña le respondió a su abuela que «Sarmiento viajó a Estados Unidos para transar con los fondos buitres». Supongamos que todo sea verdad, supongamos que en la escuela nos cuentan la historia de ahora un Sarmiento, malvado, terrible. El ejemplo de todo lo peor. Obvio que mienten.

Al leerlo recordé muchas cosas. Recordé como detestaba a las maestras que me decían la verdad revelada de Sarmiento. Cada año estas secuaces de las mentiras repetían las mismas ideas. “Sarmiento con esfuerzo y tesón logró combatir la ‘ignorancia’”. Hoy descubro que no me molestaba el hecho del propio Sarmiento, me molestaba que se paraban como patovicas del conocimiento y la verdad, para decirme lo que Sarmiento era. En definitiva: la taba se dio vuelta, pero la taba siguió siendo molesta.

Estas “dos versiones” sólo deja al desnudo la mediocridades de los maestros a la hora de asumir el compromiso por la ‘veracidad’ mucho menos por el pensamiento crítico. Tal vez sea comprensible debido a su poca formación e interés por el conocimiento. Pero no es culpa de un gobierno, es culpa de muchas cosas más.

Mi experiencia con Sarmiento obvio que siguió en la secundaria. Todo cambió, alguien puso en mis manos el libro, ese libro: Facundo. Con el tiempo me di cuenta que era una profesora que tenía poca simpatía a Domingo.

Después llegó la historia, el siglo XIX, los problemas de la educación, la unificación territorial, la organización nacional, Rosas, Urquiza, Mitre, Dominguito, Varela, el ahorro de la sangre de gaucho. Lentamente ese mármol empezó a derretirse, teñirse y mancharse. La estatua se convirtió en persona: Domingo Faustino; o como se llame. El sanjuanino ese. Autodidacta genial de nuestra historia. Con ello una de los más curiosos hechos el hombre que instauró un sistema educativo muy útil para el siglo XX fue un autodidacta.

Evadimos al hombre para construir un prócer de mármol, no importa si es negro o blanco, evadimos su historia, sus contradicciones, evadimos sus puntos admirables, sus vicios detestables. Y haciéndolo repetimos ese gran error del propio Sarmiento: su beligerancia total.

Sarmiento es de las personas indispensables de nuestra historia, nos constituye, nos explica y nos complica nos completa y nos embate. Nos obliga a pensarnos en mejores lugares de donde hoy estamos. Debemos reflexionar, para mejorar, muchas cosas de él. No de esta forma. Pensar un estadista no es una tarea fácil; Tampoco es una tarea imposible. Lo que me atrevo a afirmar: no es una tarea lineal. Llevamos aproximadamente 115 años pensando mal. Uno de los pasos para que estos artículos y discusiones sin sentido desaparezcan es pensemos mejor. El artículo de Bufano, por supuesto no lo logra.

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