En la casa Yamestat, las paredes vibraban ligeramente por el sonido constante de la televisión. Incluso el gato, habitualmente cerca de la puerta, se mantenía a unos metros de distancia, inquieto. La tortuga, en cambio, no tenía esa suerte, confinada en su estanque personalizado junto al sillón. Julián gritaba más fuerte que la televisión, defendiendo su postura sobre un incidente ocurrido durante el almuerzo con su madre el día anterior. Antonella, con el mismo tono elevado pero más incisivo, le replicaba, insistiendo en que fue su madre quien provocó el comentario que desvió toda la conversación.
El instante posterior al golpe fue claro y premeditado, aseguró Julián a sus allegados. Porque, según él, lo había hecho por su bien, no porque fuera violento. Sólo quiso bajar el volumen de la televisión, y, sin proponérselo, Antonella recibió un golpe. Ese golpe, el ruido y la antesala de la muerte fueron las pruebas que la madre de Antonella presentó para que Julián fuera condenado por homicidio. Afortunadamente, comentó el abogado, no le dieron cadena perpetua.
Meses después, la madre de Julián le escribió una vez al mes, intentando hablar con él. Una semana antes de su liberación, acordaron reencontrarse. Finalmente, el día pactado, se reunieron para conversar. Él le confesó que aquel día estaba viendo un dibujo animado y trató de evitar hablar del tema, pero Yael, su hijo, solo hablaba de ese momento, de cómo no pudo terminar de ver el programa por los gritos y la discusión. Así, ambos aceptaron que la muerte de Julieta fue consecuencia del volumen alto de la televisión. Reconociendo la supuesta inocencia de Julián, padre e hijo se levantaron y salieron del bar.
De repente, en un callejón, dos personas los empujaron hacia adentro. Intentaron robarles y, en el forcejeo, Julián recibió un disparo. Mientras agonizaba, miró a su hijo, absorto en un programa de televisión, el mismo que, según él, no pudo ver. Los gritos de ayuda de Julián fueron ahogados por el sonido del programa.
Yael terminó de ver el programa y, con calma, se sentó en el cordón de la vereda. Alguien comprendió la situación. A la mañana siguiente, la policía buscaba al homicida de Julian Yamestat, cuyo paradero era desconocido. Curiosamente, este hecho no impidió que Yael le propusiera matrimonio a su novia.