La Rana Viajera

Ahí va la rana con orgullo pionero con instinto viajero a recorrer los mares del mundo.

-«Qué es hermoso y necesita ser recorrido» repetía con su superioridad moral ante los renacuajos que aún la veían como adulta, como ejemplo molde y modelo.

La rana, que nació en el nido de los renacuajos claros, puede darse el lujo de ir a otros estanques. De ahí se incubó su gran cariño por los viajes. Sin embargo, ella se creía especial. Creía que no era la clase de persona que debía atrapar sus propios insectos. “Nacimos para algo más que sólo atrapar insectos”. Comentaba la rana con alegre y revolucionario sustento.

Burlonamente hablaba de los grillos, con los peces y con los pájaros. Sostuvo que lo que sucedía en ese estanque ‘No era vivir’, que eran unos mutilados de espíritu, que era necesario algo ‘más’ antes que ‘pudrirse’ en el estanque.

Transitar todos los días el mismo recorrido rutinario no era de la alegría de la rana. Y el gran sapo padre no aportaba demasiado, como tenía en su casa una gran dotación de bichos la rana vivía despreocupadamente.

Entonces tomó la decisión que cambió la vida de todos, menos la de ella, decidió irse de viaje a vivir en otros estanques y conocer ‘el mundo’. Le dijo a sus padres que se iba. Le comentó que el viaje iba a ser ‘importantísimo’ y que era necesario estar tiempo a solas porque todos la estorbaban y nadie la entendía.

Vendaval de emociones sostuvo con porfía mañana y con juvenil ardor. ‘Conocer lo que era necesario’ gritaba si alguna pregunta la hacía duda.

Por lo tanto no preparó ninguna necesidad. Porqué ‘Así es la vida’. Y aunque nadie supo explicar que era exactamente eso de la vida. La rana agregó su falta de entendimiento a algo esencial: para que un viaje, un libro o una persona te cambié hay que pensar que, a veces, uno puede estar equivocado.

En su viaje por ‘el mundo’ la rana conoció muchos estantes, los estanques de toda la melanesia y más allá. Su estanque estuvo tranquilo. Ya la rana no se paraba a opinar sobre los otros y sobre lo que sucedía. Los sapos perezosos decían “Al fin puedo nadar en el agua tranquila sin que la hija del sapo me moleste.”

Mientras tanto la rana estaba en otros estanques y observaba el agua cristalina de los hombres del este y la rosa del oeste. En todas se ponía el sol. También por sus ojos fueron contemplados cada uno de los cielos, que no dejaban de ser el cielo. Sin embargo, no se dio cuenta que además de estanques había bosques, ríos y lagos, que había lugares sin agua. Y por sobre todas las cosas, no se dio cuenta que existía el océano.

La rana no habló con los sapos de río ellos no le contaron de las serpientes, no vio a los delfines en los mares del sur, ni miró a los bagres saltar en las cataratas del fin del mundo. La rana vio otros estanques, como el de ella y creyó estar viendo el mundo. No debatió con los peces del agua cristalina que rogaban y se maravillaban por lo barroso de su estanque, que les permitía escapar más rápidamente de los depredadores.

Luego de muchos años, cuándo la ranita se quedó sin más bichos y su padre tampoco, ella volvió. Y ahí encontró a algunos de los otros. La rana del vecino se había ido de viaje también, pero él dijo que no pensaba volver, que quería vivir y trabajar también en los océanos. Cuando volvía siempre contaba algo diferente, y siempre volvía con el mundo cambiado, tanto él como su entorno.

Sin embargo la ranita no era así. Ella tenía un sinfín de anécdotas, muchas imágenes y algunas otras aventuras de verano con otros sapos y ranas de lugares. Con el tiempo, la comunidad también aprendió a que las anécdotas de la rana eran siempre las mismas. Y se aburrieron.

Ella, a pesar del viaje, era la misma rana arrogante de siempre. La que creía conocer el mundo. El mundo, y todos sus matices no habían equilibrado en ella su propensión a decir “Bien, Mal” o “Este es el estilo de vida que hay que llevar”

Ella se fue de su rutina, y se la llevó con ella. Porque era ella la que llevaba el lago y la mirada alambrada. Era ella la que también quiso llevarse la maceta de su confort y le negó al mundo su cualidad de ser mundo.

La rana quiso llenarse los ojos de mundo pero fue ciega para verlos. Porque creyó que ella era especial siendo tan normal como todos nosotros.

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