El Ingeniero de las palabras

Cuando luego de 5 años de estrés y pensar que estaba corriendo un sueño imposible para el cuál no se había embarcado con total convicción Rubén llegó esa tarde a su casa con la paz y comprensión de tener todo bajo control algo había cambiado en su semblante. 

La paz elemental de la noche aplacaba la concreción de todas las ideas que durante años había tenido en la cabeza para cuándo ‘llegara el momento’. Entonces, ¿Para qué había esperado todo este tiempo si así es como iba a terminar?  

La sensación del tiempo que se perdía, la particular forma que las ansiedades lo traspasaban, el conjunto de las palabras que se iban sucediendo cada vez que cruzaba algún intercambio con el ridículo ingeniero que quería hacerse parecer importante y no era más que otro niño asustado del mundo por venir lo habían abandonado, y esas palabras que alguna vez profirió serían cuentos para las personas son sólo un conjunto de hojas en blanco que no verán la luz.  

Es que no es algo anodina la palabra, y rebelde, como todas las cosas que nos dan emociones sólo surgen cuándo las emociones están en efervescencia.  

Querer recrear la emoción de guerra durante una noche de profunda paz es, ante todo, un poco aventurado; usted amable lector me concederá.  

Mirado de una forma optimista y un poco arriesgado si al final uno es un artista y no sólo un ingeniero.  

Al final, usted es sólo un oficinista, Sr Episotchmacher. No está mal, serlo. Pero si cree que este manual de procedimientos puede ser un evento que podamos publicar no será este el momento. 

Un hombre que sigue su vida rutinaria de burócrata, que se casó porque todos se casaban que indagó en cada parte de la “diversión” que todos los otros tenían hoy se descubre árido de emociones genuinas que eran las que sentían cuándo estaba inmerso en el mundo subyacente de la oficina.  

Las interminables comedias de televisión, la gran cantidad de publicaciones en las redes sociales, los potenciales amigos del café, no le pudieron dar eso que él quiere declarar en el libro que le entregó al editor Rubinich.  

“Quiere un poco de locura cuerda. Ya cubrimos ese cupo con el libro de Alejandro Maco Genovesi. Es un abogado que habla un poco de una suerte de cuento fantástico. Tal vez le puede gustar. También le puedo recomendar que lea el del Ingeniero este ¿Cómo era su nombre?, algo como bolonquis, pero diferente. Habla del futuro. Bah, póngale cabeza Rubén y no moleste 

Bueno, no recuerdo. Un ingeniero, parecido a usted que vino con lo de “ya me salvé con un emprendimiento” y ahora quería algo vinculado a las artes. Escribió sobre mundos de ficción, pero no realismo mágico. Algo sobre dragones. ¿Por qué le gustan tanto los dragones a ustedes los de las computadoras? “ 

Rubén miraba todo de una forma extrañado, no podía comprender muchas de las palabras que le estaban diciendo, él estaba esperando una devolución técnica, práctica si se quiere el caso.  

¿Cómo puede ser que esto esté mal si la historia cierra perfecta, tiene una gramática exacta y un equilibrio como recomiendan las reglas de estilo literario? De hecho, todo estaba revisado por una inteligencia artificial que evaluó con los mejores estándares su cuento “Y la lluvia de fantasías de dragones”. 

Le explico Episotchmacher. Usted me habla de un mundo de aventuras, y definiciones espectaculares, y gramaticalmente, como usted sabrá. Es perfecto, pero le falta alma. Yo la leí y dije ‘ajá’. Sentí que falta amor, que falta eso que estaba buscando. Usted es joven, ha ‘triunfado’ tiene dinero para ‘salvarse’ como les gusta decir a los ingenieros y economistas. Y lo envidio, pero sabe una cosa, en esto no se le va la vida.  

El otro día vino la chica Farias, que tiene un montón de emociones cruzadas. Un tanto explosiva ¿Vio? pero en las letras se le iba la vida. Yo lo leí y me angustié. Y su cuento era sobre una ridiculez como hacer una torta. Le doy un consejo, vuelva a su casa, vaya al caribe, se busca una de esas chicas pulposas, se divorcia con escándalo y escribe sobre eso. Pero sufra Episotchmacher. ¡¡Sufra!! 

Rubén se fue a su casa, su mujer lo esperaba con una sonrisa. Comieron pizza de la esquina. Se sintió un poco mal por él.  

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