En el transcurso elemental de cada una de sus insinuaciones no podía dejar más de sí mismo. Estábamos ante el gran conversador del gran caudal de las palabras y hazañas que había logrado. Desde el inicio era elemental que estaba ante un sujeto prometedor. El máximo, el hombre superlativo que había dado cumplimiento con creces de todas las anécdotas reseñadas. Él era la misma concreción del talento, de llevar la potencia a acto; como diría Aristóteles, glosaría, además.
Él perfecto hijo pródigo que se encontraba al resguardo de la lluvia que estaba por caer. Repetía cada cosa que se propuso ganar y ganó y por eso lo tienen que querer: él es un ganador. Estaba predispuesto que así sea.
Por sus dotes naturales y conocimiento eligió el mejor día del año para preparar su perfectamente preparado espantapájaros. Y todavía estaba ahí. No como él, como el otro.
“Obstinarse para hacer el espantapájaros el día de más viento. Fracasarás Ferrán. Como todos los años”
Al final de la mesa; la cara embarrada de Ferrán atenta. Estaba ahí maldita sea porfiando vaya a saber que destino absurdo que a nadie le importa. “Pero a mí me importa”, sostuvo entre sus manos nuevamente la herramienta para volver a intentar lograr por fin su anhelo absurdo.
Crear el mejor espantapájaros el tercer domingo de junio.Como muchos de sus desos absurdos y predilectos. Sus ojos se posaron sobre esa mirada de destello. Cómo si la vida se fuera en esa espantapájaros del día lluvioso de junio.
Empezó a sentir ella misma ese destella, ¿Podría ser feliz entre tanta imperfección? ¿Por qué elegir lo imperfecto por sobre lo perfecto?
De repente el viento se llevó de un soplido el gorro. El espantapájaros tambalea, el chico sale a buscar el gorro. Otra ráfaga y se vuela lo restante del estoico defensor del jardín de su abuelo.
¡Maldición!, su grito se escuchó en la casa. El viento llevó el gorro hasta los pies de ella, y también a él.
- “Vamos, mañana yo te ayudo a hacerlo”
- “No era mañana. ¡Era hoy! Sólo el tercer domingo de Junio”
- “Bueno! El año que viene.”
De un movimiento rápido, y violento, le quita el sombrero de su mano.
“Tal vez”, dijo mientras se limpiaba el barro mientras el viento colgaba al espantapájaros del árbol.
De nuevo, Alan, le dijo “Entonces, ¿cuándo nos volvemos a ver?”. Pero ella lo sabía, y así lo dijo: “Creo que voy a aceptar la idea de Ferran” mientras se descalzaba. Y ese destello también fue suyo, y tal vez lo quiso. Sin embargo, no lo quiso porque ganó. Ella quería estar con él para ayudarlo a ganar. Entre la lluvia y los destellos de los relámpagos y de la travesía turbulenta de la vida.