Algún que otro mundo apalabrado

Los colores devolvían muchas formas, eran cosas con sus nombres. 

Todo era presente, el universo era arriba. Unas manos me alzaban. 

Nadaba en el mar de la vida. 

El mundo fueron faros, que me elevaban sobres sus hombros, el destino no era mío. 

Sería compartido. Entre gritos y susurros, entre tristezas y alegría, 

Había descubierto otra palabra. Los llamaba mi familia. 

Un golpe en la pierna. Me dijeron que era sangre. Sentí el dolor y la angustia.  

A lo lejos vi a mi madre. Un abrazo y adelante, no es esto para tanto. 

De pie, caminé, seguí andando: el futuro era adelante. La brújula un instante, 

La fe un estandarte. El mundo era una pieza y el valor una nueva frase. 

El viento en la cara y la comida en el parque. La mirada divertida y los saltos en el pasto 

En el despliegue de los míos, en el canto de los nuestros. Era otro mundo cierto. 

El mundo era llegó hasta el barrio y los amigos aparecieron. 

Mi padre se llamó ignorante, y sostuvo que no vio libro de esos estantes. 

Mi madre dijo que eso era cultura y que fue un arma y una armadura. 

Que el pueblo era una llanura donde se luchará con esas armas. 

La vida llego hasta el pueblo. La cultura era quién te liberaba. 

Vimos a nuestros amados, caer enfermos o derrotados. 

Algunos lucharon y nos conmovieron,  

Otros consumieron su escaso tiempo. 

El mundo fue el tiempo y el problema no fue la muerte. 

Hambrientos de momentos. Descubrimos la palabra recuerdos. 

Se borraron los momentos, se perdieron los detalles. 

El mundo está empañado, parece que todo es valle. 

De repente llega el viento: todos largamos el equipaje. 

Descubro que aún presiento cálidos momentos.  

Los envuelvo en las palabras, algún día estaré en lo cierto: 

Todavía aún asisten, al convite del recuerdo 

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