Hervor y fervor no es una llamada anhelante.
Se invocan esas palabras: también en Buenos Aires.
Quiero llamar mi valentía, invocar mi alegría.
No puedo: está más allá.
Acá la tristeza y la agonía.
¿Acaso es en este mismo día? ¿El de tu partida?
Voces internas se agolpan y deliberan
La naturaleza de mi convicción flaquea.
Su eco interno me arrulla.
Aplaca mi espíritu de lucha
Desisto en la algarabía esta jornada fatídida.
¿Acaso es en este mismo día? ¿El de tu partida?
El espejo me devuelve mi mirada esquiva
Con vital punición me indago sobre el futuro:
¿qué me queda a mí a mí y mis patéticas agonías?
No puedo tener esa emocional maestría, ni obstinada porfía.
Maldita lágrima que recorre mi cara,
Él empuña su palabra con fría cercanía.
No mira las jornadas, no cuento los días.
¿Acaso es en este mismo día? ¿El de tu partida?
Maldito implacable y traicionero.
Aunque sea este día, vuélvelo poesía.